El manifiesto laOra

Un cuarzo da la hora.Un mecánico te la recuerda.

Vamos a ser honestos contigo, porque es lo único que sabemos hacer.

Un reloj de cuarzo es más preciso que uno mecánico. Es más barato. Necesita menos cuidados. Si lo único que quieres es saber qué hora es, cómpralo sin complejos: es una maravilla de ingeniería y nosotros los hacemos con el mismo mimo que el resto.

Pero un mecánico es otra cosa. Dentro no hay una pila: hay una maquinaria diminuta, decenas de piezas girando en equilibrio, un pequeño corazón que late mientras tú vives. No es el más exacto. Se adelanta unos segundos, se atrasa otros. Y ahí está la gracia.

En laOra ese corazón late de tres maneras, y ninguna es mejor que otra: son tres formas de llevarte con el tiempo.

Cuarzo

Preciso, sereno, se olvida de ti. Le cambias la pila cada dos o tres años y no vuelve a pedirte nada. El reloj que nunca te falla.

Automático

Se da cuerda solo con el movimiento de tu muñeca: mientras vives, él se alimenta. Si lo dejas quieto un par de días, se para y hay que despertarlo. Es un compañero, no un electrodoméstico.

Cuerda manual

El más antiguo de los tres y el más exigente: cada mañana le das cuerda tú. Veinte segundos con la corona entre los dedos, un gesto pequeño que nadie ve. Es el único reloj que no funciona si tú no apareces. Los relojes que subieron a la Luna eran así.

Un reloj mecánico lo llevas porque sabes lo que significa para ti.

Porque cada vez que bajas la vista y lo ves girar, te acuerdas de que el tiempo es lo único que no vuelve, y de todo lo que has conseguido con el tuyo. No mide el tiempo mejor que un cuarzo. Lo honra mejor.

Por eso cada modelo de laOra existe en varias versiones: para que elijas no un presupuesto, sino una manera de mirar tu tiempo.

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